El llamado sillón del diablo es un antiguo sillón frailero que se halla expuesto en el actual museo de Valladolid. En el mismo se encuentra un cordón de un brazo a otro que impide que nadie se siente, y no tanto por conservación, sino sobre todo para que no mueran en él.

Según una leyenda que data del s. XVI, se dice que fue por esa fecha cuando se estableció la primera cátedra de anatomía humana en España. Esto coincidió, a su vez, con la llegada de un joven licenciado portugués, Andrés de Proaza, el cual pasó a residir en la antigua calle Solanilla (hoy Esgueva). Según contaban los vecinos se escuchaban gritos durante las noches en el sótano del joven licenciado. Siendo advertidas de ellos las autoridades, fueron a ver qué sucedía. Y, lo que encontraron fue un niño, que había desaparecido días antes, completamente descuartizado en una mesa. El joven estudiante fue detenido y sometido a un interrogatorio durante el cual confesó haber pactado con el diablo, de forma que cuando él permanecía sentado en el sillón, el diablo se aparecía para desvelarle todos los secretos de la Medicina. El interrogatorio terminó siendo advertidos los que allí se encontraban presentes de que quien usase ese sillón 3 veces sin ser médico o se le ocurriera destrozarlo, moriría al tercer día.

Tras estos hechos, el sillón se mantuvo olvidado durante muchos años en los sótanos de la facultad de Medicina, hasta que un día un conserje lo encontró, y se dice que estuvo descansando en él varios días, hasta que apareció muerto. Su sustito corrió la misma suerte, y es por ello que colgaron unos años el sillón al techo del revés, para años más tarde trasladarlo hasta su sitio actual.

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